viernes, 8 de febrero de 2013

Y TÚ LO SABES


Sabes que si caigo del trapecio
iré a parar a las llamas, 
al barro, 
al abismo…

Sabes que si caigo del trapecio
moriré fulminado en el acto.

Sabes que aún así no me importa
ser pasto del fuego
y los gusanos
y la oscuridad.

Que aún así
jamás te pediría auxilio.

Y aún sabiéndolo
no llamas,
no vienes
con tus brazos azules
como héroes anónimos,
a rescatarme,
a regresarme de nuevo,
a tensar la red.

Sabes que te quiero.
Sabes que no te quiero.
Sabes que tú lo eres todo.
Sabes que para mí no significas nada.

Sabes que si caigo del trapecio
una madre habrá perdido un hijo.
Pero la humanidad habrá ganado mucho más.
¡Otro jodido masoquista que cae! ¡Bien por nosotros!

Sabes, mi amor…
sabes, mi odio…
que sabes esto y mucho más

Pero, como decía,
no vienes.
Y aquí estoy.
Tendido.
Balanceándome como un simio.
Con un cigarrillo entre los dientes
y una botella de vino bajo la axila.
Convencido de la caída.

Seguro de que
ni tú ni nadie
cerrará los ojos
cuando ocurra.

Jugando a ser humano.
Tal y como si el bien fuera para mí
una meta.

Y río; ¡jijijiji!
Y carcajeo; ¡JAjaJAja!
Y aúllo ¡auuuu! al ombligo del mundo
cual perro salvaje.

Un payaso histérico.
Otro santo mártir
que manchará con su sangre
la dulce historia.

Y tú ya lo sabías
mucho antes de llegar a estos versos,
mucho antes de entrar en mi circo.

Pero no llamas…
Pero no vienes…

Y el trapecio se eleva.
Y mis manos se quedan sin fuerzas.

Y ahí estás. Te veo.
Con
los
ojos

 – babeantes –

y bien abiertos


… ¡plaf!

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