miércoles, 5 de diciembre de 2012

MÁS COSAS

Presentación maravillosa en Imprevisual (Valencia) de "La risa perfecta". (Conseguir un ejemplar en editorialcoco@gmail.com. Ayer recibimos el prólogo de Don Luís Botella para el segundo poemario, esperando la portada de Miguel Sellers. Pronto a la imprenta. A principio de año presentación de "Odisea en el pasado - poemas de un amatofóbico-".  Después marchamos al paraíso Latinoamericano. De momento de regreso a Granada. Mañana segunda cita con Javier Krahe. 


CALLE ELVIRA 94

Tres del mediodía.
Ya va siendo hora de correr la cortina, dice Stefano. 
Así que aquí estoy de nuevo, 
en Calle Elvira 94, segundo izquierda. 
Desde la ventana veo a una pareja. 
Ella es rubia y pálida
y sostiene contra su pecho
una carpeta azul marino.
Él parece no tener frío.
Él parece no tener frío pese a ser 4 de diciembre.
Se miran a los ojos.
Él pone su mano sobre su codo, el de ella.
Entonces la trae contra su pecho.
Le acaricia el pelo.
Una larga melena que le cae por los hombros.
Es suave.
Lo sé porque aun desde la distancia
puedo sentirlo.
Recuerdo que una vez yo acariciaba el pelo
de una chica parecida a ésta.
Ahí siguen.
Aquí sigo. Tomando apuntes.
Él finge marcharse.
Ella lo regresa con la yema de los dedos.
Es suficiente. Lo cierto es que no quería marcharse.
Vuelven a juntar los labios.
Hace frío. Sospecho, claro.
Aquí no hay besos, pero se está caliente.
Se susurran cosas al oído.
Se prestan sonrisas.
No les importa el tráfico de su alrededor,
el olor a orín de este barrio.
Avanzan, sin darse cuenta,
centímetro a centímetro por la acera.
Ahora yo tomo un café que sabe delicioso.
Stefano me cuenta que tiene una buena cafetera.
Frente al escaparate de un Kebap, ahí siguen,
no hay quien los rapte.
Aunque yo, por aburrimiento o inspiración
trate de hacerlo sobre un papel pentagramado
por la guitarra y la voz de Spinetta.
Son ya estatuas, de sal, de azúcar, de miel.
La muchacha le ajusta el cuello
de la sudadera verde pistacho.
Se ha terminado el café de la taza.
¡Mierda!
Voy a por más.
A mi regreso han desaparecido.
En la acera un charco de agua.
Extraño.
Porque no ha llovido.




("Calle Elvira, 94. Segundo Izquierda. Fotografía de Julia Moreno Matínez)


































BOLAÑO Y BILLIE HOLIDAY

Stefano recitaba aquel poema de Bolaño 
mientras nos amorrábamos a una botella de Almirante
estacionados en la Avenida Torneo de Sevilla. 
Billie Holiday reventando los altavoces de aquel coche alquilado.
Éramos, algo así, como un bar de carretera improvisado,
una fiesta móvil.
Recítanos La Francesa, suplicó Fuser.
Era una mujer inteligente, leyó él.
Empieza bien, dije para mí mismo.
Las notas grabes del piano probaban la resistencia
de las válvulas,
la botella pasaba de mano en mano,
de boca en boca.
De vez en cuando un nazareno.
Era semana santa.
Las luces de los coches destellando
a través del parabrisas
en el que la lluvia golpeaba fuerte
generando una cascada salvaje
que volvía borroso
el puente del Alamillo.
No existíamos para nadie.
Jugadores ciegos llegados desde el borde del abismo peninsular.
Sin nostalgia pero con memoria.
Amantes del asfalto.
Soñando con el paraíso latinoamericano.
Hijos bastardos del mundo.
“Filosofía” de viaje, noche y psicotrópicos.
En aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen, insistía el último maldito.
Aquí estamos, pensé yo también, con los perros románticos
y aquí vamos a quedarnos.


(El abismo peninsular. Abril de 2011)


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