domingo, 20 de mayo de 2012

VOLVISTE



Sin ti el sol solo sería
 las tres primeras letras de soledad.




Volviste linda,
volviste sonriente
con tus ojos llenos de paz
y me reconocí en tu mirada
a salvo de monstruos interiores,
tus manos indulgentes,
mis pobres huesos deshaciéndose de nuevo en ellas.
¡Qué bien te veo! , exclamaron tus dulces labios.
No tan bien como tú, se callaron los míos.

Entonces hicimos ejercicio de memoria,
un recuento exhaustivo de mis amores muertos,
una breve previsión del tuyo
que lo traías a esas alturas moribundo
con muchos peros y pocas alegrías.

No temas, no te asustes,
la huida hacia el olvido es la mejor de las odiseas.  
Las lágrimas no resistieron la tentación de recorrer tu rostro.
Habías aprendido a ser mujer,
yo a sobrevivir a la muerte,
y comprendí que por fin ambos
sabíamos dónde estábamos
y que de una vez por todas estaba listo
para construir contigo algo tan grande
que siempre quedaría como  monumento
a nuestra historia de amor.
Un amor que se nos presentó frustrado,
demasiado inteligente
como para no terminar siendo domesticado
como animal de compañía.

Resucitaste los cuerpos amputados
de los soldados que una vez envié
a luchar por otras.

Volviste,
¡hay que ver!
pese a no haberte marchado nunca,
y me sentí más cerca de ti
y me prestaste tus últimas dudas
para terminar brindándote yo,
ahora,
mi última confidencia:
te quiero,
te quiero,
pero no con un amor pequeño
de manos llenas
y sábanas pares, no,
te quiero con un amor grande,
de manos reservadas como salvavidas
si alguna vez te vieras al borde del abismo,
con ojos que miran a otras
pero que solo te ven a ti,
un amor sin guerra,
sin armas,
sin gritos.

Volviste,
y me trajiste el mejor regalo.
Perdóname,
te quiero,
te quiero.


(otro adelanto de 2012 Odisea en el pasado, Otto Wolfski) 

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