martes, 13 de diciembre de 2011

EL CALOR DEL FUEGO

Sería fácil odiarnos después de habernos amado. De hecho parece que todo este prediseñado para que así sea . Pero  lo cierto es que no somos culpables de nada. En todo caso lo seríamos, al fin y al cabo,  por haber sido y ser  primerizos en el difícil arte de estar vivos, culpables de seguir la falsa directriz dictada por  Hollywood o  Walt Disney – creadores en resumen de la prehistoria de lo que conocemos como amor -.  
Lo difícil ahora y siempre es amarse, lo cual no significa que sea algo imposible. Creo, y no soy para nada un entendido, que es inútil crearse enemigos en este apartado del espíritu. Sí, es lo fácil, la forma más rápida de extirparse el dolor pero para nada el odio enriquece el espíritu o por lo menos esa clase de odio que nada tiene que ver con  el asesinato o las injusticias. El tiempo es algo fundamental, es evidente, pero este es un mundo grande, lleno de recovecos y distracciones, y lo más probable es que nos perdamos allí afuera y que las distracciones borren hasta los momentos más intensos de nuestras vidas. En el caso de que terminara ocurriendo esto, ¿de verdad merece la pena experimentar el amor, no es acaso un derroche de tiempo y de vida?
La reflexión es el pilar de los desacuerdos y ha de servir para estructurar correctamente un nuevo hogar. Los huéspedes vendrán más tarde, siempre lo hacen, pero lo hermoso sería encontrarse con esos compañeros/as de viaje que en algún momento  se quedaron atrás o cambiaron de ruta,  para enseñarles que en ese nuevo hogar construido no hay ni una sola ranura por la que se escape el calor del fuego. 

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